
Ayer le llegó la noticia, entre picado y picado alguien sentenció " Román renunció". Y pareció perder fuerza, de andar mas lento, casi como si estuviera pinchada. La reacción es entendible, pocos en la última decada la trataron con tanta sutileza, pocos parecen conocer como él cada uno de los secretos que posee. Pero el fútbol es un estado de ánimo y el enganche está triste, porque el doble cinco llegó para quedarse, porque el futbolista cada vez es más atleta y menos futbolista. Y hoy no importa tanto como y cuanto juega sino cuanto corre. La historia va a decir que renunció dos veces, una por la salud de su madre y la otra por diferencias con el técnico, el técnico es el diez y el que renuncia el último enganche. Quizas soy ingenuo pero esperaba que el diez cuidara más al enganche por esa condición de animal en extinción, que tuvo como último gran exponente en francés y en merengue, a lo mejor esperaba que lo bancara, que lo cuidará como por ahí no lo cuidaron a él al llegar a Barcelona. Pero la historia ya está escrita, la caprichosa llora porque sabe que lo seguira viendo, pero de azul y oro y no de celeste y blanco. Ojalá no lo extrañemos y sea tarde, ojalá no nos privaramos, como nos privamos del príncipe, del mago.










